martes, 15 de abril de 2014

EL LLANTO EN LOS NIÑOS

El llanto no sólo es una forma de expresión, puede ser un medio para obligar a los padres a ceder ante los caprichos.
En el momento del nacimiento de un hijo, lo primero que los padres desean oír es el llanto del bebé pues sin duda éste es un signo vital que representa con claridad la llegada al mundo de una nueva vida. Sin embargo, cuando esa poca armoniosa melodía se transforma en pan de cada día o incluso de cada hora, los padres desearían tapar sus oídos para siempre.
Es que el bebé, sin importarle hora o momento, se comunica a través del llanto, es su modo de expresión y es normal que lo haga ante situaciones bien concretas.
La madre con el tiempo y un poco de experiencia aprende a reconocer sus necesidades, las satisface, y el llanto debiera terminar. 

Para aprender a distinguir lo verdaderamente importante, es bueno conocer las pautas normales de la evolución del llanto:
Entre el primer y tercer año de vida, el llanto es normal. Es. la etapa del negativismo y es común, por ejemplo que se acentúen las pataletas. En esta etapa el niño afirma su personalidad y si esas crisis de llanto han sido bien llevadas, lo normal es que el niño deje atrás ese medio de expresión y dé paso al lenguaje. Si por el contrario los padres refuerzan las pataletas y se hace lo que el niño quiere, esta etapa se extiende más allá de los tres años. En este caso el niño puede convertirse en ese que ¡llora por todo!

LOS INCONSOLABLES

Contar con un inconsolable en la casa no es fácil. El lloriqueo continuo se transforma en un problema bien aburrido que a la larga agota y cansa física y mentalmente.
Lo normal es que a partir de los tres años, los momentos de llanto sean más bien mínimos y por razones que lo justifican.
Cuando esto no es así, es bueno preguntarse cuáles son las causas que han generado un niño llorón:
Generalmente, son niños inmaduros que tienen muy baja tolerancia a la frustración, es decir, ante cualquier fracaso o ante cualquier "no", lloran. Tienen poca capacidad para solucionar sus problemas, entonces cuando algo no les resulta como esperaban, lloran.
También está el "regalón-llorón". Se trata de niños que son excesivamente sobreprotegidos, a quienes los padres tratan de evitar a toda costa cualquier problema.
Muchas veces los niños lloran por aburrimiento. Según Virginia Argorriaga, educadora de párvulos, "hay padres que no saben incentivar a los niños a jugar y el único juego que ellos conocen es estar arriba de la mamá molestando y lloriqueando. En estos casos la solución está en que los padres enseñen desde pequeños, alternativas de entretención. "No es una tarea muy difícil, pero hay que hacerla, pues es algo que a menudo no es innato sino que se puede fomentar.
La seguridad de los padres es fundamental. "Lo más probable es que los papás que están seguros cuando educan y que saben para donde van, tengan niños que lloran menos. La seguridad de los padres da la seguridad a los hijos, lo que induce a que ellos sean estables emocionalmente".

El PAÑO DE LÁGRIMAS

Para evitar las situaciones anteriores, los padres son fundamentales. El manejo que ellos hagan para encauzar las mañas y los llantos es primordial. En sus manos está ser buenos y correctos paños de lágrimas.
Algunas precauciones son:
No reforzar el llanto.
Si uno sabe que es un llanto a través del cual el niño pide algo sin importancia, no hay que consentirlo. La idea es enseñarles que las cosas se piden con palabras y no se manipula a través del llanto. Una vez que se ha consentido en los caprichos, es difícil dar vuelta atrás y es probable que se formen niños dominantes y demandantes. El niño percibe el dominio que ejerce sobre sus padres y en adelante utilizará la simple amenaza de llanto para conseguir de ellos cuanto desee.
- Es importante ser consistente
Decirle que sí a todo y al día siguiente negarle cualquier propuesta no es muy convincente. Los límites de lo que se da y de lo que se puede hacer deben ser claros.
No ceder al llanto por cansancio.
Mejor es intentar distraer al niño con algo más atractivo y sacarlo de su capricho.
Ayudar al niño a que se exprese en forma verbal, a través del lenguaje y no del llanto.
- Por último, muchas veces el llanto es un medio para llamar la atención, entonces si el niño la obtiene, utilizará este recurso con frecuencia. Por el contrario, si también se lo atiende en períodos buenos, se dará cuenta de que el llanto no es la única herramienta, pues también obtiene estímulos cuando los pide de otra forma o incluso cuando no los pide.

CAUSAS DEL LLANTO

En muchas ocasiones, ese intermitente lloriqueo preocupa a los padres que aún no reconocen la causa que lo provoca. Sin embargo, basta saber que generalmente se debe a razones muy comunes y que rara vez se es incapaz de poner solución al problema.
Las causas más habituales del llanto del bebé son:
El hambre: Los bebés tienen un reloj biológico que funciona a la perfección, por eso la hora de la comida no la perdonan.
La incomodidad física: mudar al bebé con frecuencia es fundamental. Esto, porque además de evitar coceduras e irritaciones que molestan, mantener limpio al bebé y hacer de esa tarea un momento agradable, es el primer paso para fomentar en él, el hábito de la higiene.
El dolor: el cuerpo del bebé se encuentra en una etapa de continua adaptación y más de una vez, esto le provocará dolores. Los más comunes son los intestinales, ya sea por gases o estreñimiento. Muy corrientes son también los cólicos y el dolor de oídos. Estas molestias deben ser bien controladas y consultadas con el doctor.

La soledad: aunque sus necesidades físicas estén cubiertas, el niño puede necesitar más estímulos de cariño de los que ya se le dan.

lunes, 7 de abril de 2014

EL DESARROLLO EN LOS PRIMEROS AÑOS DE VIDA

En los primeros años de vida del niño ocurren cambios estructurales en el cerebro que se acompañan de extraordinarios progresos en las distintas áreas de la conducta: sensorio-motriz, emocional, intelectual y social. Algunos de estos progresos merecen destacarse. 
La individuación: durante los primeros años de vida, cada niño se desarrolla como un individuo único y diferente de los demás. La construcción del “yo”, instancia psíquica con la cual el niño toma conciencia de sí mismo y puede interactuar con la realidad. 
El desarrollo del lenguaje, la aventura intelectual más trascendente de la vida: el lenguaje es lo que nos hace humanos, lo que nos permite simbolizar el mundo, lo que nos posibilita pensar. 
Los conocimientos recientes nos hacen saber que los seres humanos miramos y comprendemos el mundo a través del lenguaje, y que éste condiciona totalmente esa mirada. ¿Qué factores influyen en este proceso? El desarrollo del niño es el resultado de la interacción entre un programa genético transmitido por los padres y el medio ambiente en que el niño vive. Ambas variables se interrelacionan por una única vez para crear así un ser irrepetible. Dado que el programa genético es algo que no puede ser modificado, importa saber de qué manera influyen los factores ambientales para poder así promover un desarrollo positivo en este período tan sensible de la vida. Los principales factores son: un vínculo afectivo regular, continuo y permanente entre el niño y otra persona. Es lo que llamamos el amor maternal, que también puede ser brindado por un familiar o cuidador. Es esencial que sea siempre la misma persona; en caso contrario, la construcción del vínculo se hará más difícil. Un contacto físico íntimo y frecuente entre el bebe y la madre (o persona a cargo). Una alimentación adecuada, comenzando por la lactancia los primeros seis meses de vida, que contribuye también al fortalecimiento del vínculo made-hijo. La instauración de límites, para que pueda ser luego un ciudadano respetuoso de las leyes. La presencia de estímulos afectivos, audiovisuales, intelectuales y, sobre todo, del lenguaje. Para que tengan algún impacto en el desarrollo del niño, los estímulos deben tener un sentido afectivo. El juego del niño con sus padres es una forma muy importante, eficaz y placentera de estimularlos. La estimulación del lenguaje resulta de una importancia crucial. Una de las formas que tenemos para estimular el lenguaje es la lectura. Debemos promover en los niños pequeños el amor por el libro y la lectura. A ellos les fascina que les cuenten cuentos, y la lectura por parte de los padres, aun desde los primeros meses de vida, es una práctica eficaz, constructiva y confortante.

Por Horacio Lejarraga

viernes, 4 de abril de 2014

DISLEXIA INFNTIL

La dislexia infantil es una deficiencia de la lectura, la escritura y el aprendizaje. Su causa es una alteración de las zonas cerebrales que controlan el lenguaje. La dislexia infantil afecta a un 5 por ciento de los niños de 7 a 9 años, sobre todo, a los varones y se cree que tiene una base genética.
Las manifestaciones de la dislexia son muy variadas y dependerán de la intensidad del trastorno y de la edad del niño, porque se pueden afectar funciones relacionadas con la memoria, el vocabulario, las áreas motrices y el habla. Sin embargo, se cree que la dislexia no está relacionada con la inteligencia del niño, aunque en la etapa preescolar se pueden observar las deficiencias significativas en el lenguaje, la motricidad, la percepción y la falta de madurez en general.

Síntomas de la dislexia en los niños

El niño disléxico presenta grandes dificultades en la lecto-escritura:
- Lectura lenta, trabajosa y cargada de errores.
- Deficiente ortografía en los textos o dictados.
- Uniones o separaciones incorrectas de palabras.
- Dificultades en la automatización de aprendizajes y memorización (aprende algo y, al poco tiempo, lo olvida).
Además, le cuesta realizar con éxito las actividades donde es necesario aplicar varias habilidades (ejemplo, redacciones en las que ha de prestar atención a la ortografía, signos de puntuación, organización de ideas...). La dislexia no se manifiesta de la misma manera ni con la misma intensidad en cada niño. Por lo tanto, la recuperación estará determinada por las características de cada niño y por el medio familiar y escolar al que pertenece. La detección precoz es la clave para su recuperación.
El niño con dislexia es capaz de aprender a leer, pero lo hará de una manera diferente, con un método distinto y un tratamiento especial, dándole estrategias y técnicas para enfrentarse a sus dificultades de lectoescritura, enseñándole diferentes habilidades que le ayuden a comprender y memorizar los textos leídos. Es importante que los padres que tengan un hijo con dislexia se pongan en manos de un profesional para que les pueda orientar de la mejor manera de ayudar a su hijo.
Por: María José Ortí-Logopeda