martes, 1 de julio de 2014

¿ QUE ES LA ASERTIVIDAD?

La asertividad es una habilidad que se puede practicar y aprender. Es una capacidad que está dentro de las habilidades sociales y que nos permite defendernos y expresar nuestra opinión, gustos e intereses sin herir a los demás.
¿Aprendemos juntos un poco más sobre la asertividad?
Los niños asertivos tienen una mayor autoestima, confianza en sí mismos y mejores relaciones personales. Son capaces de expresar sus opiniones, sus deseos y sus necesidades porque se respetan a sí mismos y a los demás.
La práctica de esta habilidad se ve fortalecida si los niños identifican por un lado, los miedos que les impiden expresarse o defenderse con seguridad (miedos sociales, como a que te juzguen, a que piensen mal de ti…) y por otro lado, reconocen sus necesidades, deseos y gustos. Una vez identificados, los van a poder expresar de una forma adecuada.
Además de identificar y expresar las opiniones, para practicar la asertividad es necesario proporcionar al niño alternativas para poder desenvolverse en situaciones en las que tenga que priorizar sus deseos u opiniones respetando al otro.

¿De qué manera se pueden comunicar los niños?

Es muy común que las formas de expresión de los niños sean diferentes en los distintos ámbitos (escolar, social y familiar), por ejemplo un niño puede ser inhibido en el colegio a la hora de preguntar en clase y agresivo en casa cuando expresa lo que necesita.
Pero en general hay una tendencia en la forma en que se comunican.
  • Los niños pasivos son aquellos que no expresan su opinión o su preferencia en situaciones de sociales, no tienen en cuenta sus necesidades dando prioridad a los deseos de los demás y tienen algunas dificultades a la hora de defenderse.
  • Los que se comunican de forma agresiva. En este caso el niño sabe defenderse, pero lo hace sin tener en cuenta al otro, es decir que expresa su opinión de forma agresiva y sin tener en cuenta los sentimientos de los demás.
  • Los niños asertivos son capaces de defenderse, expresar sus opiniones y necesidades de forma adecuada y teniendo en cuenta al otro.

Recomendaciones para fomentar la asertividad

  • Ayúdale a identificar y expresar sus opiniones, deseos y necesidades. De esta manera es más fácil poder expresar lo que necesitamos. Por ejemplo, entiendo que te apetezca ir al parque, pero ahora tenemos que ir a otro sitio.
  • Proporciónale espacios distintos en los que el niño pueda practicar la comunicación asertiva.
  • Muéstrale un modelo que exprese las opiniones de forma asertiva. Cuando tu respondes de manera asertiva, el niño lo interioriza como un modelo positivo de comunicación.
  • Expresa tus sentimientos y ayuda a que tus hijos también lo hagan; la comunicación asertiva empieza desde casa.
  • Fomenta la autonomía a la hora de resolver sus problemas, le puedes acompañar mostrándole diferentes alternativas. (Ej: qué puedes hacer si el niño te ha quitado el juguete)
  • Ponerle límites le ayudará a ponérselos a los demás.

martes, 15 de abril de 2014

EL LLANTO EN LOS NIÑOS

El llanto no sólo es una forma de expresión, puede ser un medio para obligar a los padres a ceder ante los caprichos.
En el momento del nacimiento de un hijo, lo primero que los padres desean oír es el llanto del bebé pues sin duda éste es un signo vital que representa con claridad la llegada al mundo de una nueva vida. Sin embargo, cuando esa poca armoniosa melodía se transforma en pan de cada día o incluso de cada hora, los padres desearían tapar sus oídos para siempre.
Es que el bebé, sin importarle hora o momento, se comunica a través del llanto, es su modo de expresión y es normal que lo haga ante situaciones bien concretas.
La madre con el tiempo y un poco de experiencia aprende a reconocer sus necesidades, las satisface, y el llanto debiera terminar. 

Para aprender a distinguir lo verdaderamente importante, es bueno conocer las pautas normales de la evolución del llanto:
Entre el primer y tercer año de vida, el llanto es normal. Es. la etapa del negativismo y es común, por ejemplo que se acentúen las pataletas. En esta etapa el niño afirma su personalidad y si esas crisis de llanto han sido bien llevadas, lo normal es que el niño deje atrás ese medio de expresión y dé paso al lenguaje. Si por el contrario los padres refuerzan las pataletas y se hace lo que el niño quiere, esta etapa se extiende más allá de los tres años. En este caso el niño puede convertirse en ese que ¡llora por todo!

LOS INCONSOLABLES

Contar con un inconsolable en la casa no es fácil. El lloriqueo continuo se transforma en un problema bien aburrido que a la larga agota y cansa física y mentalmente.
Lo normal es que a partir de los tres años, los momentos de llanto sean más bien mínimos y por razones que lo justifican.
Cuando esto no es así, es bueno preguntarse cuáles son las causas que han generado un niño llorón:
Generalmente, son niños inmaduros que tienen muy baja tolerancia a la frustración, es decir, ante cualquier fracaso o ante cualquier "no", lloran. Tienen poca capacidad para solucionar sus problemas, entonces cuando algo no les resulta como esperaban, lloran.
También está el "regalón-llorón". Se trata de niños que son excesivamente sobreprotegidos, a quienes los padres tratan de evitar a toda costa cualquier problema.
Muchas veces los niños lloran por aburrimiento. Según Virginia Argorriaga, educadora de párvulos, "hay padres que no saben incentivar a los niños a jugar y el único juego que ellos conocen es estar arriba de la mamá molestando y lloriqueando. En estos casos la solución está en que los padres enseñen desde pequeños, alternativas de entretención. "No es una tarea muy difícil, pero hay que hacerla, pues es algo que a menudo no es innato sino que se puede fomentar.
La seguridad de los padres es fundamental. "Lo más probable es que los papás que están seguros cuando educan y que saben para donde van, tengan niños que lloran menos. La seguridad de los padres da la seguridad a los hijos, lo que induce a que ellos sean estables emocionalmente".

El PAÑO DE LÁGRIMAS

Para evitar las situaciones anteriores, los padres son fundamentales. El manejo que ellos hagan para encauzar las mañas y los llantos es primordial. En sus manos está ser buenos y correctos paños de lágrimas.
Algunas precauciones son:
No reforzar el llanto.
Si uno sabe que es un llanto a través del cual el niño pide algo sin importancia, no hay que consentirlo. La idea es enseñarles que las cosas se piden con palabras y no se manipula a través del llanto. Una vez que se ha consentido en los caprichos, es difícil dar vuelta atrás y es probable que se formen niños dominantes y demandantes. El niño percibe el dominio que ejerce sobre sus padres y en adelante utilizará la simple amenaza de llanto para conseguir de ellos cuanto desee.
- Es importante ser consistente
Decirle que sí a todo y al día siguiente negarle cualquier propuesta no es muy convincente. Los límites de lo que se da y de lo que se puede hacer deben ser claros.
No ceder al llanto por cansancio.
Mejor es intentar distraer al niño con algo más atractivo y sacarlo de su capricho.
Ayudar al niño a que se exprese en forma verbal, a través del lenguaje y no del llanto.
- Por último, muchas veces el llanto es un medio para llamar la atención, entonces si el niño la obtiene, utilizará este recurso con frecuencia. Por el contrario, si también se lo atiende en períodos buenos, se dará cuenta de que el llanto no es la única herramienta, pues también obtiene estímulos cuando los pide de otra forma o incluso cuando no los pide.

CAUSAS DEL LLANTO

En muchas ocasiones, ese intermitente lloriqueo preocupa a los padres que aún no reconocen la causa que lo provoca. Sin embargo, basta saber que generalmente se debe a razones muy comunes y que rara vez se es incapaz de poner solución al problema.
Las causas más habituales del llanto del bebé son:
El hambre: Los bebés tienen un reloj biológico que funciona a la perfección, por eso la hora de la comida no la perdonan.
La incomodidad física: mudar al bebé con frecuencia es fundamental. Esto, porque además de evitar coceduras e irritaciones que molestan, mantener limpio al bebé y hacer de esa tarea un momento agradable, es el primer paso para fomentar en él, el hábito de la higiene.
El dolor: el cuerpo del bebé se encuentra en una etapa de continua adaptación y más de una vez, esto le provocará dolores. Los más comunes son los intestinales, ya sea por gases o estreñimiento. Muy corrientes son también los cólicos y el dolor de oídos. Estas molestias deben ser bien controladas y consultadas con el doctor.

La soledad: aunque sus necesidades físicas estén cubiertas, el niño puede necesitar más estímulos de cariño de los que ya se le dan.

lunes, 7 de abril de 2014

EL DESARROLLO EN LOS PRIMEROS AÑOS DE VIDA

En los primeros años de vida del niño ocurren cambios estructurales en el cerebro que se acompañan de extraordinarios progresos en las distintas áreas de la conducta: sensorio-motriz, emocional, intelectual y social. Algunos de estos progresos merecen destacarse. 
La individuación: durante los primeros años de vida, cada niño se desarrolla como un individuo único y diferente de los demás. La construcción del “yo”, instancia psíquica con la cual el niño toma conciencia de sí mismo y puede interactuar con la realidad. 
El desarrollo del lenguaje, la aventura intelectual más trascendente de la vida: el lenguaje es lo que nos hace humanos, lo que nos permite simbolizar el mundo, lo que nos posibilita pensar. 
Los conocimientos recientes nos hacen saber que los seres humanos miramos y comprendemos el mundo a través del lenguaje, y que éste condiciona totalmente esa mirada. ¿Qué factores influyen en este proceso? El desarrollo del niño es el resultado de la interacción entre un programa genético transmitido por los padres y el medio ambiente en que el niño vive. Ambas variables se interrelacionan por una única vez para crear así un ser irrepetible. Dado que el programa genético es algo que no puede ser modificado, importa saber de qué manera influyen los factores ambientales para poder así promover un desarrollo positivo en este período tan sensible de la vida. Los principales factores son: un vínculo afectivo regular, continuo y permanente entre el niño y otra persona. Es lo que llamamos el amor maternal, que también puede ser brindado por un familiar o cuidador. Es esencial que sea siempre la misma persona; en caso contrario, la construcción del vínculo se hará más difícil. Un contacto físico íntimo y frecuente entre el bebe y la madre (o persona a cargo). Una alimentación adecuada, comenzando por la lactancia los primeros seis meses de vida, que contribuye también al fortalecimiento del vínculo made-hijo. La instauración de límites, para que pueda ser luego un ciudadano respetuoso de las leyes. La presencia de estímulos afectivos, audiovisuales, intelectuales y, sobre todo, del lenguaje. Para que tengan algún impacto en el desarrollo del niño, los estímulos deben tener un sentido afectivo. El juego del niño con sus padres es una forma muy importante, eficaz y placentera de estimularlos. La estimulación del lenguaje resulta de una importancia crucial. Una de las formas que tenemos para estimular el lenguaje es la lectura. Debemos promover en los niños pequeños el amor por el libro y la lectura. A ellos les fascina que les cuenten cuentos, y la lectura por parte de los padres, aun desde los primeros meses de vida, es una práctica eficaz, constructiva y confortante.

Por Horacio Lejarraga

viernes, 4 de abril de 2014

DISLEXIA INFNTIL

La dislexia infantil es una deficiencia de la lectura, la escritura y el aprendizaje. Su causa es una alteración de las zonas cerebrales que controlan el lenguaje. La dislexia infantil afecta a un 5 por ciento de los niños de 7 a 9 años, sobre todo, a los varones y se cree que tiene una base genética.
Las manifestaciones de la dislexia son muy variadas y dependerán de la intensidad del trastorno y de la edad del niño, porque se pueden afectar funciones relacionadas con la memoria, el vocabulario, las áreas motrices y el habla. Sin embargo, se cree que la dislexia no está relacionada con la inteligencia del niño, aunque en la etapa preescolar se pueden observar las deficiencias significativas en el lenguaje, la motricidad, la percepción y la falta de madurez en general.

Síntomas de la dislexia en los niños

El niño disléxico presenta grandes dificultades en la lecto-escritura:
- Lectura lenta, trabajosa y cargada de errores.
- Deficiente ortografía en los textos o dictados.
- Uniones o separaciones incorrectas de palabras.
- Dificultades en la automatización de aprendizajes y memorización (aprende algo y, al poco tiempo, lo olvida).
Además, le cuesta realizar con éxito las actividades donde es necesario aplicar varias habilidades (ejemplo, redacciones en las que ha de prestar atención a la ortografía, signos de puntuación, organización de ideas...). La dislexia no se manifiesta de la misma manera ni con la misma intensidad en cada niño. Por lo tanto, la recuperación estará determinada por las características de cada niño y por el medio familiar y escolar al que pertenece. La detección precoz es la clave para su recuperación.
El niño con dislexia es capaz de aprender a leer, pero lo hará de una manera diferente, con un método distinto y un tratamiento especial, dándole estrategias y técnicas para enfrentarse a sus dificultades de lectoescritura, enseñándole diferentes habilidades que le ayuden a comprender y memorizar los textos leídos. Es importante que los padres que tengan un hijo con dislexia se pongan en manos de un profesional para que les pueda orientar de la mejor manera de ayudar a su hijo.
Por: María José Ortí-Logopeda

jueves, 20 de marzo de 2014

LA IMPORTANCIA DE LOS LÍMITES PARA LA MADURACIÓN PERSONAL



La falta de capacidad de los mayores para poner límites a los jóvenes es sin dudas uno de los grandes problemas de nuestros tiempos.
El establecimiento de límites es importante ya que éstos ayudan a formar la identidad personal de los jóvenes. Tenemos que reencontrar el sentido de educar en los límites. Y a ello tal vez nos ayude el recordar por qué los límites hacen bien y son educativos, y en qué sentido contribuyen a lograr la madurez psicológica.
Se ha afirmado que “el límite es el valor identificador de cada persona, es su nombre”. 
Algo está bien definido cuando sabemos lo que es y lo que no es. Una persona tiene una identidad definida cuando sabe quién es y quién no es, cuando sabe lo que piensa, siente y quiere. Pero al mismo tiempo, sabiendo esto sabe lo que no piensa, lo que no siente y lo que no quiere, lo que no puede y lo que no debe. Sabe quién es, qué lo diferencia de los otros, y no se confunde. Esto le da conciencia de su identidad. Esto le da unidad y le permite reconocerse y moverse adecuadamente en su ámbito.
Para ver con mayor claridad por qué los límites le dan identidad a la persona, nos detendremos a analizar sus dos funciones, a las que llamaremos negativa y positiva respectivamente. La negativa es aquella por la cual los límites nos recortan algo, como si nos quitaran cosas o nos empobrecieran, privándonos de lo que no es nuestro. Podemos decir, en referencia a esta función, que los límites restringen el deseo, distinguiendo la realidad de la fantasía. Por su parte, la función positiva es la que constituye, la que dice lo que se es, la que establece quiénes somos ante los otros.
Ambas funciones de los límites, actuando simultáneamente, nos dan la identidad, nos definen como personas y nos ubican en la realidad, porque nos permiten saber quiénes somos y quiénes no. Descubrimos quiénes somos, con toda la riqueza y la pobreza que acompaña a ese descubrimiento. Pobreza, si nos creíamos más de lo que éramos. Riqueza, si nos damos cuenta que somos totalmente originales, únicos e irrepetibles, que no podemos confundirnos con los otros.
En sus relaciones sociales actuales y futuras, los niños tienen que reconocer y valorar su propia identidad y la de los demás. El amor sólo es posible entre personas con su propia identidad. Sin identidad no hay amor sino sometimiento y posesión.
El ser humano logra bienestar si, en sus relaciones consigo mismo y con los demás, se mantiene en esos límites, moviéndose con libertad en ellos. En cambio, si despliega una búsqueda de sí o de los otros, creando objetivos y expectativas fuera de esos límites personales, se siente mal. En tal caso, sus capacidades y aptitudes de ser intentan sobrepasar su realidad. Entonces, vive una fantasía; o bien sufre la angustia y frustración de no alcanzarse a sí, ni comprender a los otros.
Tenemos que perder el miedo a limitar a los niños. Limitar no es aniquilar. Limitar es dar vida, si lo hacemos adecuadamente. El gran peligro reside en ver en los límites sólo su aspecto negativo-empobrecedor: lo que nos quitan y nos prohíben.
Los límites son educativos por lo siguiente: la realidad nos limita. Mal que nos pese, no somos omnipotentes. Y es bueno ir vislumbrando esto desde chicos. La realidad no es tan manipulable como los niños o los adolescentes pretenden desde su pensamiento mágico y egocéntrico. La vida muchas veces nos dice no y, si no sabemos aceptarlo, viviremos resentidos.
Por ello, la educación tiene que llevar a la persona a comprender y aceptar que no todo saldrá siempre según su deseo, que no siempre logrará lo que se propone. Esto se denomina tolerancia a la frustración y es un rasgo fundamental de la personalidad madura. Quien no lo adquiere será un caprichoso consentido, aunque tenga 40 o 65 años.
Entonces, cuando papá dice «basta» o «no hay más», o «esperá un ratito» o «hasta acá», de algún modo está funcionando como un representante de lo real para ese hijo; le está adelantando situaciones que tendrá que experimentar, lo está ayudando a ubicarse.
Los límites son educativos porque ayudan al joven a salir de su narcisismo y a prepararse para amar. Miremos cuando la madre le pone una condición («te dejo ver los dibujitos si ordenás la pieza») o plantea una renuncia o un sacrificio por amor («no pidas este juguete porque papá anda con poca plata a pesar de todo lo que trabaja»): esto hace que el hijo o la hija deje su narcisismo (el quererse a sí mismo/a por sobre todo lo demás) y vaya aprendiendo el verdadero amor vincular desde sus primeras relaciones afectivas.  Reconocer el deseo del otro es uno de los rasgos más importantes de madurez.
Los límites son educativos porque ayudan a la persona a desarrollar la aceptación de la ley y el respeto a la autoridad legítima. No puede haber socialización ni verdadero sentido de la justicia si no se renuncia al principio del propio placer y al interés egocéntrico.
El deseo del propio placer tiene sus propias leyes. Su consigna es: ¡Quiero todo ya! Los límites ponen fin a esta fantasía de omnipotencia e ilimitación. Así, los límites nos ubican en la puerta de la satisfacción más profunda de la persona, su realización en la dimensión relacional, su realización en el amor.
Si el niño o el adolescente permanecen en un estado de ilimitación, de satisfacción espontánea de sus continuas demandas, nunca llegarán a la madurez humana. Como se ha señalado: “ […]cometeríamos un grave error educativo si persistiéramos en una concepción anacrónica, como también si desaprensivamente echáramos ahora todo por la ventana, y proclamáramos la pura y absoluta espontaneidad, abandono al hombre, al niño, al adolescente, a sus deseos.No hay educación sin una adecuada dosis de frustración. Porque toda educación supone la reducción del deseo y de la fantasía de omnipotencia.”
Que no quede ninguna duda: el establecimiento de límites es esencial a la hora de educar.

Por: Juan Marcelo Pardo

martes, 18 de marzo de 2014

CELOS INFANTILES

Podemos definir los celos como el sentimiento de frustración, envidia o resentimiento que puede sentir, en este caso, un niño, al percibir, de manera real o imaginaria, que ha dejado de recibir la atención y afecto que desean o necesitan o que se ha disminuido la cantidad y frecuencia de éstos.
Existen diversas situaciones o acontecimientos que pueden desencadenar la aparición de celos en el niño dentro de la familia:
·                     El nacimiento de un hermano.
·                     Las comparaciones o preferencias de los padres hacia los hijos.
·                     La dependencia excesiva de un niño por uno de los progenitores.

Los celos se pueden considerar normales hasta los 4-5 años o ante la llegada de un nuevo hermano, pero si se prolongan en el tiempo pueden tener efectos perjudiciales sobre la personalidad del niño,  sus estrategias de afrontamiento y su autoestima. Por esto, debemos, por una parte, prevenirlos y por otra, poner remedio cuando aparezcan.

Ante el nacimiento de un nuevo hermano podemos seguir las siguientes recomendaciones, de esta manera evitaremos o reduciremos los celos:
·                     Preparar al niño para el nacimiento de un nuevo hermanito/a y le haremos saber que seguirá siendo querido de la misma manera.
·                     Mantener los hábitos y rutinas lo más parecidos posible a antes de la llegada del nuevo hijo como las costumbres de acostarse, el momento del baño, normas de casa, etc.
·                     Intentar no alejar demasiado al niño de su madre. Después del parto, los niños suelen pasar algunos días sin su madre, mientras está en el hospital, intentemos que la pueda visitar en el hospital y que no se sienta desplazado del acontecimiento de los primeros días. Posteriormente, cuando ya estén en casa, la madre puede reservar 5-10 minutos diarios exclusivos para él o ella.
·                     Por último, podemos hacerle partícipe de los cuidados del bebé, explicarle qué necesidades tiene, cómo las hace saber el bebé y qué hacemos para satisfacerlas. Así nuestro hijo entenderá sus necesidades y la razón por la cual el bebé necesita atención. No podemos delegar tareas en él, pero podemos fomentar que nos ayuden echando una mano en lo que les pidamos. El hecho de demandar su ayuda les hará sentirse responsables y estarán orgullosos de ayudar y cuidar a su hermano con lo que reducirá la visión del bebé como un rival.
Otros consejos que debemos tener en cuenta cuando los hermanos ya son más mayores son los siguientes:
·                     No hacer comparaciones, cada niño es único y  posee unas habilidades y capacidades o gustos diferentes por lo que no podemos compararlos.

·                     Evitar favoritismos de los padres. A veces los padres caen en el error de demostrar favoritismos y/o mayor transigencia con alguno de los hijos, esto puede desatar una rivalidad que por sí misma podría no haber surgido. 

viernes, 14 de marzo de 2014

INTELIGENCIA EMOCIONAL.


La Inteligencia Emocional es un término reciente, dado a conocer a principios de la década del ' 90 por dos psicólogos estadounidenses. . Dicha teoría sostiene que las personas cuentan con cualidades emocionales que los ayudan a comprender y controlar los sentimientos, discriminar entre ellos y utilizar esa información para guiar nuestro pensamiento y nuestras acciones.

El término Inteligencia Emocional  fue utilizado por primera vez en 1990 por los psicólogos Peter Salovey de la Universidad de Harvard y John Mayer de la Universidad de New Hampshire. Dicho término se empleó para describir cualidades emocionales que tienen importancia para el desarrollo integral de nuestros hijos. Según investigaciones recientes, los niños con una Inteligencia Emocional alta aprenden mejor, tienen menos problemas de conducta, se sienten mejor sobre sí mismos, tienen mayor facilidad de resistir las presiones de sus contemporáneos, son menos violentos y tienen más empatía, a la vez que resuelven mejor los conflictos. En esta nota algunas ideas sobre cómo pueden y deben formarse las capacidades emocionales, entendidas también como coeficiente emocional.

¿Qué es realmente la inteligencia emocional?

Salovey y Mayer definen la Inteligencia Emocional como un subconjunto de la Inteligencia social que comprende la capacidad de controlar los sentimientos así como los de los demás, de discriminar entre ellos y utilizar esa información para guiar nuestro pensamiento y nuestras acciones. Lo nuevo que aporta esta teoría es que las emociones no son ideas sino que producidos por el cerebro y ante los cuales el cuerpo reacciona.  Son muy reales y que adquieren la forma de elementos bioquímicos específicos Los niños reaccionan ante estos estímulos, y los padres lo saben muy bien.

Estas capacidades emocionales no necesariamente son heredadas genéticamente, por esa razón se facilita la educación y formación por parte de los padres y educadores.
  
Algunas de estas capacidades a desarrollar son: empatía, expresión y comprensión de sentimientos, control de nuestro genio, independencia, capacidad de adaptación, simpatía, capacidad para resolver problemas de forma interpersonal, persistencia, cordialidad, amabilidad y respeto.
A su vez, para que los niños se conviertan en personas morales deben adquirir las siguientes capacidades emocionales y sociales:
•  Comprender lo que diferencia una conducta buena de una mala y desarrollar hábitos de conducta correctos.
•  Desarrollar interés, consideración y un sentido de responsabilidad por el bienestar y los derechos de los demás, expresando este interés mediante actos de atención, benevolencia, amabilidad y caridad.
•  Experimentar una reacción emocional negativa ante la trasgresión de las normas establecidas.

¿Qué es la Empatía?

Según la Real Academia Española, la empatía es la “identificación mental y afectiva de un sujeto con el estado de ánimo de otro”. Actitud realmente difícil sino se disponen de ciertas habilidades que los padres, como ya hemos dicho, pueden enseñar a sus hijos.
Existen dos componentes en la empatía, una reacción emocional hacia los demás que suele desarrollarse en los primeros seis años de vida y una reacción cognoscitiva que determina el grado en que los niños son capaces de percibir el punto de vista de la otra persona.

Fases de la Empatía:

•  Primer año de vida:
 Los bebés suelen darse la vuelta para observar a un bebé que llora, posiblemente también se pondrá a llorar él.
•  Entre el primer y segundo año de vida:
Entran en una segunda etapa en la que pueden ver que la congoja de otro no es la suya, tratan de reducir la tristeza del otro.
•  A los seis años:
Se inicia la etapa de la empatía cognoscitiva que consiste en  la capacidad de ver cosas desde la perspectiva de otra persona y actuar en consecuencia. La empatía cognoscitiva no necesita comunicación emocional (por ejemplo el llanto) porque el niño ya tiene un modelo interno, que ha desarrollado, de cómo puede sentirse una persona en una determinada situación.
•  A partir de los diez o doce años:
Los niños proyectan su empatía más allá de aquello que le son próximos. Estamos en la etapa de la empatía abstracta.

¿Cómo educan los padres esta inteligencia?
  
Antes de plantearse cómo formar este coeficiente, es conveniente evaluar en qué estilo de “padres” me encuadro. Después de este análisis, habría que acomodarse y facilitar lo necesario para el mejor crecimiento de los chicos.

Existen tres estilos generales de ser padres:

• Autoritario: ponen normas estrictas que esperan sean obedecidas. Los niños deben mantenerse en su lugar y no los dejan expresar sus opiniones. Son padres que dirigen la familia partiendo de la tradición, poniendo énfasis en la estructura, el control y el orden, todo ello se vuelve una gran carga para el niño.
• Permisivo: busca la aceptación y transmitir el mayor aliento posible. No suele fijar límites, no imponen exigencias fuertes, ni metas claras a sus hijos para que se desarrollen de acuerdo a su naturaleza.
• Autorizado: equilibran los límites con el ambiente estimulante. Orientan sin controlar, dan explicaciones e implican a sus hijos en las decisiones. Se elogia la competencia y la independencia. Todo ello permite que los hijos crezcan con confianza en ellos mismos, independientes, sociales y con un elevado nivel de inteligencia emocional.

Sea el tipo de padre que se señalan mas arriba, lo importante es tener en cuenta que hay que enseñar a los hijos a enfrentar los problemas, y no sólo sobreprotegerlos de ellos. No es saludable ocultarles la verdad por muy dolorosa que esta pueda ser. Cuando se les explica la situación y se les detallan los hechos, ellos aprenden que se cuenta con la fuerza emocional para examinar y enfrentarnos a las situaciones aunque sean más o menos difíciles, aprendiendo así mismo que ellos también lo pueden hacer.

Lo que sería interesante recordar siempre es que: no debemos los padres ocultar los sentimientos, no ocultarles los errores y no temer a decirles la verdad.

¿Cómo educar a un niño "emocionalmente inteligente"?

1. Póngase en el lugar de él. No actúe según su conveniencia.
2. Pregúntele y escuche. No intente averiguar por ciencia infusa qué es lo que le pasa, ni le reprima con frases como "¡Eres un sinvergüenza!".
3. No le reproche por tener emociones negativas. La tristeza es casi tan natural como la alegría.
4. Ayúdele a identificar y canalizar sus malas emociones. Enséñele a superarlas.
5. Incentive su curiosidad. 
6. Aprenda con él. Haga de cualquier experiencia nueva un juego. No le reprima cuando aprenda algo por sí mismo.
7. No le pegue. Corríjale siempre que haga falta. Dígale "no" cuando tenga que decírselo.
8. No deje que la televisión haga de padre o de madre.
9. Premie sus logros. Alimente su motivación, pero no le inunde de regalos.
10. Fíjele pequeñas metas. Estimule en él el deseo de lograr algo. Así desarrollará el sentido de la intencionalidad