La Inteligencia
Emocional es un término reciente, dado a conocer a principios de la década del
' 90 por dos psicólogos estadounidenses. . Dicha teoría sostiene que las
personas cuentan con cualidades emocionales que los ayudan a comprender y
controlar los sentimientos, discriminar entre ellos y utilizar esa información
para guiar nuestro pensamiento y nuestras acciones.
El término Inteligencia
Emocional fue utilizado por primera vez en 1990 por los psicólogos Peter
Salovey de la Universidad de Harvard y John Mayer de la Universidad de New
Hampshire. Dicho término se empleó para describir cualidades emocionales que
tienen importancia para el desarrollo integral de nuestros hijos. Según
investigaciones recientes, los niños con una Inteligencia Emocional alta
aprenden mejor, tienen menos problemas de conducta, se sienten mejor sobre sí
mismos, tienen mayor facilidad de resistir las presiones de sus contemporáneos,
son menos violentos y tienen más empatía, a la vez que resuelven mejor los
conflictos. En esta nota algunas ideas sobre cómo pueden y deben formarse las
capacidades emocionales, entendidas también como coeficiente emocional.
¿Qué es realmente la
inteligencia emocional?
Salovey y Mayer definen la Inteligencia
Emocional como un subconjunto de la Inteligencia social que comprende la
capacidad de controlar los sentimientos así como los de los demás, de
discriminar entre ellos y utilizar esa información para guiar nuestro
pensamiento y nuestras acciones. Lo nuevo que aporta esta teoría es que las
emociones no son ideas sino que producidos por el cerebro y ante los cuales el
cuerpo reacciona. Son muy reales y que adquieren la forma de elementos
bioquímicos específicos Los niños reaccionan ante estos estímulos, y los padres
lo saben muy bien.
Estas capacidades emocionales no
necesariamente son heredadas genéticamente, por esa razón se facilita la
educación y formación por parte de los padres y educadores.
Algunas de estas capacidades a
desarrollar son: empatía, expresión y comprensión de sentimientos, control de
nuestro genio, independencia, capacidad de adaptación, simpatía, capacidad para
resolver problemas de forma interpersonal, persistencia, cordialidad,
amabilidad y respeto.
A su vez, para que los niños se
conviertan en personas morales deben adquirir las siguientes capacidades
emocionales y sociales:
• Comprender lo que diferencia
una conducta buena de una mala y desarrollar hábitos de conducta correctos.
• Desarrollar interés,
consideración y un sentido de responsabilidad por el bienestar y los derechos
de los demás, expresando este interés mediante actos de atención, benevolencia,
amabilidad y caridad.
• Experimentar una reacción
emocional negativa ante la trasgresión de las normas establecidas.
¿Qué es la Empatía?
Según la Real Academia Española, la
empatía es la “identificación mental y afectiva de un sujeto con el estado de
ánimo de otro”. Actitud realmente difícil sino se disponen de ciertas
habilidades que los padres, como ya hemos dicho, pueden enseñar a sus hijos.
Existen dos componentes en la empatía, una reacción emocional hacia los demás que suele desarrollarse en los primeros seis años de vida y una reacción cognoscitiva que determina el grado en que los niños son capaces de percibir el punto de vista de la otra persona.
Existen dos componentes en la empatía, una reacción emocional hacia los demás que suele desarrollarse en los primeros seis años de vida y una reacción cognoscitiva que determina el grado en que los niños son capaces de percibir el punto de vista de la otra persona.
Fases de la Empatía:
• Primer año de vida:
Los bebés suelen darse la
vuelta para observar a un bebé que llora, posiblemente también se pondrá a
llorar él.
• Entre el primer y segundo año
de vida:
Entran en una segunda etapa en la que
pueden ver que la congoja de otro no es la suya, tratan de reducir la tristeza
del otro.
• A los seis años:
Se inicia la etapa de la empatía
cognoscitiva que consiste en la capacidad de ver cosas desde la
perspectiva de otra persona y actuar en consecuencia. La empatía cognoscitiva
no necesita comunicación emocional (por ejemplo el llanto) porque el niño ya
tiene un modelo interno, que ha desarrollado, de cómo puede sentirse una
persona en una determinada situación.
• A partir de los diez o doce
años:
Los niños proyectan su empatía más
allá de aquello que le son próximos. Estamos en la etapa de la empatía abstracta.
¿Cómo educan los
padres esta inteligencia?
Antes de plantearse cómo formar este
coeficiente, es conveniente evaluar en qué estilo de “padres” me encuadro.
Después de este análisis, habría que acomodarse y facilitar lo necesario para el
mejor crecimiento de los chicos.
Existen tres estilos
generales de ser padres:
• Autoritario: ponen normas
estrictas que esperan sean obedecidas. Los niños deben mantenerse en su lugar y
no los dejan expresar sus opiniones. Son padres que dirigen la familia
partiendo de la tradición, poniendo énfasis en la estructura, el control y el
orden, todo ello se vuelve una gran carga para el niño.
• Permisivo: busca la
aceptación y transmitir el mayor aliento posible. No suele fijar límites, no
imponen exigencias fuertes, ni metas claras a sus hijos para que se desarrollen
de acuerdo a su naturaleza.
• Autorizado: equilibran
los límites con el ambiente estimulante. Orientan sin controlar, dan
explicaciones e implican a sus hijos en las decisiones. Se elogia la
competencia y la independencia. Todo ello permite que los hijos crezcan con
confianza en ellos mismos, independientes, sociales y con un elevado nivel de
inteligencia emocional.
Sea el tipo de padre que se señalan
mas arriba, lo importante es tener en cuenta que hay que enseñar a los hijos a
enfrentar los problemas, y no sólo sobreprotegerlos de ellos. No es saludable
ocultarles la verdad por muy dolorosa que esta pueda ser. Cuando se les explica
la situación y se les detallan los hechos, ellos aprenden que se cuenta con la
fuerza emocional para examinar y enfrentarnos a las situaciones aunque sean más
o menos difíciles, aprendiendo así mismo que ellos también lo pueden hacer.
Lo que sería interesante recordar
siempre es que: no debemos los padres ocultar los sentimientos, no ocultarles
los errores y no temer a decirles la verdad.
¿Cómo educar a un
niño "emocionalmente inteligente"?
1. Póngase en el lugar de él. No actúe
según su conveniencia.
2. Pregúntele y escuche. No intente
averiguar por ciencia infusa qué es lo que le pasa, ni le reprima con frases
como "¡Eres un sinvergüenza!".
3. No le reproche por tener emociones
negativas. La tristeza es casi tan natural como la alegría.
4. Ayúdele a identificar y canalizar
sus malas emociones. Enséñele a superarlas.
5. Incentive su curiosidad.
6. Aprenda con él. Haga de cualquier
experiencia nueva un juego. No le reprima cuando aprenda algo por sí mismo.
7. No le pegue. Corríjale siempre que
haga falta. Dígale "no" cuando tenga que decírselo.
8. No deje que la televisión haga de
padre o de madre.
9. Premie sus logros. Alimente su
motivación, pero no le inunde de regalos.
10. Fíjele pequeñas metas. Estimule en él el
deseo de lograr algo. Así desarrollará el sentido de la intencionalidad
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